Oradour sur Glane, un viaje al pasado

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Volvemos por aquí, después de un buen tiempo… primero sin internet, y segundo, intentando planificar (solo un poco) y poner orden en nuestras ideas. Todo listo, así que seguimos.

Esta vez, añadimos una nueva categoría a la web: Lugares. Y es que hay sitios, que encuentras en el camino y por lo que sea… te atrapan y se quedan en tu memoria.

Para estrenar esta sección hablaremos de un lugar muy especial, no diría que es bonito, pero si impresionante. Oradour Sur Glane, la village martir.

Antes de entrar en detalles, reflexiones y descripciones, diré que el pueblo dispone de un furgoperfecto amplio, con fregaderos y WC, cerca de un campo de fútbol y del nuevo pueblo.

Y ahora si, hablaremos de por qué este sitio no es bonito, pero merece una visita.

Oradour sur Glane, se sitúa a 22 kms al noroeste de Limoges, departamento del Alto Vienne, región de Lemosín. Y realmente es un lugar que te transporta al pasado, a la tragedia… a la segunda guerra mundial.

La historia que encierran los muros que rodean el pueblo, sus casas, sus coches… o lo que queda de ellos, es abrumadora. El silencio, ensordecedor.

Cerca del final de la segunda guerra mundial, las tropas Alemanas de reserva (repartidas por Francia, durante su ocupación) empezaron a movilizarse hacia Bretaña y Normandía, para hacer frente al inminente desembarco de los aliados en las mismas (ocurrido el 6 de junio de 1944). La tragedia de Ouradour Sur-Glane, ocurrió en este contexto histórico (contado así un poco por encima queda muy simplista, y es mucho más complejo por supuesto).

En este caso, la División SS Das Reich del Waffen- SS (es decir, uno de los brazos armados de la ideología nazi más afín a sus ideales y que participaban en las principales batallas, en la represión ejercida por el partido y en la seguridad y de los campos de concentración; estaban adoctrinados en escuelas exclusivas del régimen en temas como la superioridad racial, la obediencia al führer… y se trataba de soldados voluntarios, que miedo). Uno de los principales problemas de estos grupos militares para alcanzar la costa norte de Francia, era la presencia de maquis y demás grupos rebeldes y paramilitares de la resistencia francesa. Y esa podría ser una de las razones de esta matanza… pero luego os cuento.

Los días anteriores a esta matanza hubo más baños de sangre en los alrededores de Ouradour sur Glane, y es que en Tulle, la resistencia había capturado y ejecutado a 39 soldados alemanes el día 7 de junio. Así que, el día 9 del mismo mes, la citada división de las Waffen SS llegó a dicha ciudad y realizó una macabra venganza (fusilamientos, ahorcamientos en balcones y plazas públicas, torres de disparo… advertencia mediante el horror).

Oradour, era un pueblo tranquilo cuyas provisiones de comida eran buenas (importante problema durante la guerra) y con una vida tranquila y aparentemente segura en tiempos de guerra. Ese sábado por la mañana, muchos de sus habitantes se encontraban en el pueblo debido a que había programada una visita médica para los niños de la localidad.

El relato de los detalles de la matanza ha podido reconstruirse en base al testimonio de los escasos civiles supervivientes, testigos directos de los hechos en diferentes puntos de la villa, difundido desde entonces por numerosos medios de comunicación internacionales. Hacia las 14:15 h, coincidiendo con el final del almuerzo, una columna compuesta de una decena de vehículos, 3 camiones y 2 blindados semioruga remontó la vía de entrada a Oradour desde la carretera de Limoges y parte de los 150 soldados comandados por Otto Dickmann, vestidos con ropas de camuflaje, inició su despliegue por el núcleo urbano mientras los dos blindados tomaban posición enfrente de la iglesia. Los militares buscaron al «tambour de ville», Jean Depierrefiche, que también era el herrero, para que recorriese las calles convocando a todas las personas a presentarse en la plaza del mercado para inspección de sus documentos de identificación. Mientras tanto, otros soldados fueron en busca de los vecinos que se encontraban en sus viviendas o puestos de trabajo, forzando a algunos con brutalidad y brusquedad a dirigirse al punto de agrupamiento sin más miramientos. Así pudo verse a personas enfermas sacadas de sus camas en pijama,​ o al panadero, Marcelin Thomas, llevado todavía cubierto de harina y en cuya casa fue instalado un puesto de mando desde donde se dirigió la maniobra de reagrupamiento ejecutada con disciplina y método.

Al cabo de unos 20 minutos y con la plaza llena de gente, de la cual, un tercio eran niños, el comandante se dirigió mediante el intérprete al alcalde de Oradour. Acusando al pueblo de servir de depósito de armas para la guerrilla, Dickmann le ordenó seleccionar a 30 rehenes. El alcalde respondió rechazando la acusación pues la realidad era que no existían esas armas, pero se puso él mismo a disposición del oficial. Los Waffen-SS procedieron entonces a separar a los hombres de las mujeres y niños, para llevarlos en grupo hacia las afueras del pueblo, mientras que estos últimos eran retenidos y conducidos hacia el interior de la iglesia. La maniobra no había terminado cuando una granada de humo explotó en la iglesia, desencadenando la reacción de pánico en las mujeres y niños a la que sin embargo, los Waffen-SS respondieron acribillándolos con los fusiles automáticos, pereciendo todos menos madame Rouffanche que pudo escapar por una ventana.

 

Las paredes de la iglesia, testigos de la tragedia

La explosión sirvió también como señal acordada para que los soldados apostados con ametralladoras pesadas en las afueras iniciaran el fusilamiento de los varones agrupados, a término del cual, los soldados caminaron entre los cuerpos tendidos para, inspeccionádolos pistola en mano, disparar sobre los que todavía agonizaban. Después, durante varios días se fueron agrupando los cadáveres y tras cubrirlos con cal viva, se les prendió fuego mientras que de manera sistemática, se procedió al incendio de cada uno de los edificios del pueblo, hasta la partida definitiva de la unidad hacia el frente de Normandía el 13 de junio.

Entre las víctimas se encontraban dieciocho exiliados republicanos españoles de tres familias con niños de corta edad.

Apenas una semana después, la edición de la revista Time se hizo eco de la matanza y publicó un relato de la misma, identificando al regimiento responsable y formulando la hipótesis de la posible confusión de Oradour-sur-Glane con Oradour-sur-Vayres, a unos 30 km al sudeste, donde sí se apuntaba a la existencia de un depósito de armas maquis.

Fuente: wikipedia, la enciclopedia libre

En total, se ejecutó a 642 personas de las cuales 190 eran hombres (fueron fusilados en distintos puntos del pueblo), 245 mujeres y 207 niños (asesinados en la propia iglesia). Oradour, no era un objetivo militar ni un punto estratégico,  la matanza formaba parte del sistema de guerra total establecido por Hittler y sus cómplices. Los siguientes días de los sucesos, amontonaron los cuerpos, los cubrieron con cal viva y les dieron fuego, al igual que a todos y cada uno de los edificios del pueblo,

cuyos esqueletos se mantienen ante el paso del tiempo como testigos mudos de la matanza. Las vías del tranvía cruzan el pueblo, guiándote por las principales calles entre los edificios que mantienen sus carteles (peluquería, carnicería, taller…), que permiten que puedas imaginar fácilmente como sería un día allí.

Si bien es cierto que una de las cosas más impresionantes que se pueden hacer allí es el paseo en silencio por sus calles, no puedes irte sin entrar al memorial subterráneo que hay en uno de los límites del pueblo, en el que se pueden ver los enseres más cotidianos de la época, rescatados de las casas.

Puede parecer, que esta visita es una visita al morbo, pero para nosotros no es así. Es un viaje al pasado principalmente, es un viaje al horror, a lo complejo de la psique humana… a multitud de preguntas que desde nuestras cómodas vidas no seriamos capaz de plantearnos.

La visita es gratuita, educativa e impresionante. La reflexión es gratuita, educativa e impresionante. Ahora queda en tus manos.

oficina de correos

Por cierto, en la entrada hay un museo (nunca he entrado la verdad, es de pago y el low cost es lo que tiene 🙁 )además hay documentales, libros… en relación al tema. Parece que la segunda guerra mundial es algo que nos resulta espeluznante y que apenas cabe en nuestra cabeza que tal genocidio inundase Europa hace algunas decenas de años. Sigue habiendo genocidios, sigue habiendo guerra, sigue habiendo fronteras blindadas para las personas (no para el gas o el petroleo, etc. ), pero es difícil mirar a esas realidades de frente… incomodo. Si vas, cuéntanoslo.

 

 

 

 

 

 

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