Furgoplan: Caminos del Sur (II)

Como ya comento en el post anterior, la red de autopistas de Portugal tiene un sistema específico de pago. En el siguiente link tienes toda la info desde la web oficial:

Desde aquí puedes acceder a toda la información sobre autopistas en Portugal

amanecer, edredón incluido

Tras un largo recorrido por preciosos pueblos y serpenteantes carreteras llegamos al extremo sud- occidental de la península Ibérica, Sagres. Dicen que tiene una de las puestas de sol más impresionantes del continente, nos la perdimos. Realmente no es un sitio muy grande y durante las fechas de nuestro viaje casi todo estaba cerrado (diciembre). La fortaleza y

el faro son dignos de ver, cada uno en un extremo de la localidad. Cerca de la primera hay un gran parking para furgos y ACs, es grande aunque en invierno solo tiene cubos de basura, hay un pequeño edificio que parece que en verano se abre como cafetería. Hay otros parkings interesantes

en los que poder pernoctar. Ya que nos habíamos perdido el atardecer, decidimos madrugar y ver el amanecer. Impresionante. Yo soy super dormilona, y es de esos pocos madrugones de los que puedes alegrarte.

Nos dimos una vuelta por el pueblo, tiene algún monumento y ofrece incluso paseos en tuk- tuk, pero lo más destacable de este sitio son sus acantilados y playas. Estas son ideales para hacer surf, y por lo que vimos incluso pescar.

Uno de los parkings, con su “posible cafetería en temporada alta” al fondo

 

 

  

 

 

En resumen, durante la temporada baja se trata de un sitio muy tranquilo y agradable. La temperatura era suave aunque había fuerte viento que siempre molesta un poco. Un sitio curioso de ver, que ofrece (insisto, en temporada alta) gran variedad de actividades: cursos de surf, pesca, tuk- tuk, preciosas playas…

Siguiendo la carretera nacional N 125, continuamos hasta Albufeira, lugar que nos habían recomendado en distintas ocasiones. No nos resultó demasiado interesante. El pueblo en si, es muy bonito, muy muy bonito. Pero hay que decir, que la mayoría de portugueses que se ven por allí están trabajando en establecimientos turísticos y que en estas fechas, muchos de esos establecimientos se encontraban cerrados. Que el pueblo, además de un bonito casco antiguo, repleto de escaleras para llegar a lo más alto y ver el mar desde ahí (preciosas vistas), tiene una larga playa desde la cual el atardecer es precioso. Y que está muy colonizado por jubilados nórdicos, franceses, alemanes, ingleses… no tenemos nada en contra de ellos, ni muchísimo menos. Pero el carácter del pueblo se ha visto obligado a adaptarse a estos nuevos inquilinos, perdiendo en gran parte una esencia que todavía hoy puede vislumbrarse (pueblo pequeño, pesquero, humilde…). Nos sorprendió lo difícil que era aparcar y que allí donde íbamos era de pago. Nos sorprendió también, que en al llegar a la plaza del pueblo (después de recorrer una pequeña calle peatonal repleta de tiendas de souvenirs y chichibirichis) estuviera llena de luces y pantallas de colores, altavoces con música, carteles con ofertas en cervezas y sangría… decidimos dar un paseo, subimos hasta lo más alto del casco antiguo y contemplamos la puesta de sol rodeados de gatos en calles (por fin) bastante alejadas del ruido. Decidimos tomar algo y marcharnos de ese bonito pueblo, muy enfocado al turismo playero. Aprovechamos para preguntar a nuestra camarera (medio cabo verdiana, medio portuguesa) por un pueblo que nos habían recomendado (Olhão), nos costó lo nuestro porque ¡lo pronunciábamos fatal! Ella nos dijo que solo había estado en una ocasión y que no tenía gran cosa. De camino a Olhao decidimos parar en un supermercado en el que hicimos una gran compra y que ha cambiado nuestras noches en la furgo. ¡Un colchón! uno muy fino, pero suficiente para no sentir las formas de nuestros asientos- cama. Le dedicaremos un post a este y a otros objetos que para nosotros son indispensables.

En Olhão, nos costó encontrar un sitio en el que dormir tranquilamente con nuestra furgo. Pero al final, aparcamos entre varias autocaravanas y furgos (siguiendo la calle avenida 16 de junho, girando hacia rua doutor mendonça corte real). Llegamos cansados y con ganas de organizar los próximos días, y cómo no, estrenar nuestra camita.

Durante la mañana siguiente, dimos un buen paseo con nuestras bicis, primero por el centro del pueblo (nada que ver con Albufeira, había gente de fuera, pero Olhão es un pueblo mucho más auténtico, menos dirigido al turista pero con mucho encanto). Las casas tradicionales, con azulejo o pintadas de vivos colores, las calles estrechas, empedradas… Destacar que este pueblo se encuentra en el parque natural de La Ria Formosa hecho que, probablemente, haya impedido ese crecimiento desmedido y brutal empujado por el turismo. Alrededor de la ria hay un ancho paseo perfecto para caminar o ir en bici, además de poder disfrutar de unas hermosas vistas de las islas y la propia ria. Hay varios barcos que ofrecen servicios para cruzar hasta las islas. Siguiendo el paseo, en un extremo llegamos a unas marismas en las que pueden observarse multitud de aves además de los montones de sal marina para uso humano. En el otro extremo, hay un pequeño mercado, bares y terrazas, un barco antiguo y el día en el que nosotros estuvimos, un mercadillo. Es un paseo que merece la pena, y aunque no fuimos a las islas, suponemos que será una excursión digna de realizar. 

Y como muestra dos botones

 

 

 

 

 

A nosotros, nos encantó su tranquilidad.

Tras está maravillosa mañana de principios de diciembre a 17º decidimos dirigirnos a nuestra última parada portuguesa: Tavira. Seguimos por la N-125 a nuestro ritmo caribeño y haciendo alguna parada para estirar las piernas y que nuestras compañeras respiraran un poco de aire puro. Hasta ahora apenas he dicho nada sobre viajar con animales, dejo otro post pendiente.

Antes de decidirnos por ningún sitio en el que aparcar para dormir, decidimos ir a ver la puesta de sol a la altura del fuerte que hay a las afueras de la ciudad, atravesando las salinas. Precioso. A mi me encanta la fotografía y disfruté de una hora dorada espectacular.

 Durante la puesta de sol paseamos por aquella zona, haciendo fotos sin parar. No había mucha gente y pudimos disfrutar de ella con la calma que nos encanta. Tavira, también se encuentra en la Ria formosa, y frente a la ciudad se encuentra la isla de Tavira, a la que puede llegarse en un breve trayecto en ferry.

Después de la puesta de sol, decidimos buscar nuestro “alojamiento” para después darnos una vuelta con la bici e Inuk y tomar algo. Aunque la temperatura era bastante agradable, el viento seguía acompañándonos. Decidimos aparcar en un parking de tierra cercano al mercado.

                                                   

 

Nos dimos un paseo por la ría, llegando a la plaza del pueblo, que estaban iluminando para navidad. No vimos muchos turistas, pero se trata de una ciudad preciosa. Suelos adoquinados con mosaicos en blanco y negro, un mercado antiguo, quiosco de música al final de una alameda, cafeterías con suculentos postres expuestos en el escaparate, bares de los de toda la vida, un cine muy antiguo también… y gente super simpática. Aparcamos las bicis para subir las escaleras que llevan a lo alto del pueblo, calles desiertas, fachadas blancas o azulejadas, iglesias aquí y allá… ¡merece mucho la pena! escribo esto y solo siento ganas de volver.

Volviendo a la furgo paramos en el mercado de abastos (no es en el que estabamos aparcado, el mercado de abastos está junto a la ria y su estructura es tradicional, con ornamentos de metal y preparado para montarlo durante el día), en esta ocasión un camarero nos explicó como funcionaba y nos invito a pasar, a esas horas solo estaban abiertos un par de restaurantes, alguno de ellos con peceras en las que el marisco vivo esperaba su turno.

Emocionados por todo lo que habíamos visto nos vamos a dormir sin saber la sorpresa que nos espera al día siguiente… Después de compartir nuestro café con una intrepida pareja que viajaba en bici y con un perro, descubrimos que algo se cuece en las inmediaciones de nuestro parking. ¡Un mercadillo de antigüedades!

Bueno y cosas más actuales también…

Le dedicamos un buen rato y es que nos encantó, había desde vinilos o vhs, hasta cazuelas, estatuillas, cámaras de foto antiguas, monedas y billetes… una pasada. Después nos informamos un poco y por lo visto este mercadillo lo ponen el primer sábado de cada mes (que potra la nuestra :))

En conclusión, para nosotros aunque ha sido algo fugaz el Algarve merece la pena y mucho, pero más allá de esos lugares archiconocidos, hemos disfrutado de sitios como Olhão y Tavira, algo menos famosos y menos masificados. Nuestra experiencia es a lo largo de la primera semana de diciembre, temporada baja- bajísima, por lo que puede ser muy distinta en otros momentos del año. No hemos tenido grandes problemas para aparcar o andar con las bicis, tampoco hacia mucho frío, aunque si viento (nos estaba dando un poco de sirocco al final).

 

Próximo post, Furgoplan: caminos del sur (III), cruzamos la frontera y entramos a la maravillosa Andalucía

 

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